Almería

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Esa tarde se iba. Se dijeron adiós de la forma en que sólo dos enamorados saben hacer y el autobús partió a su destino. Daba una vuelta entera a la estación hasta volver a pasar por la calle paralela. Y allí esperaba ella, que le acababa de despedir, pero deseaba volver a verle para saludarle con sus ojos y con sus manos. Para decirle “te quiero” desde una distancia simbólica. Necesitaba hacerle saber que él lo es todo, que no olvide que él es especial.

Él la vio desde el autobús; le hacía gestos, quería gritarle, abrir un cristal que no se podía abrir, sólo para decirle que la había visto esperando. Darle las gracias por despedirlo otra vez.

Pero ella no le vio a él, y su cara era la imagen de la decepción. ¿Me habré equivocado de autobús? ¿Por qué no puedo verle otra vez?

¿Por qué estás tan lejos?

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