Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum

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Adoro el Nuevo Testamento. Me fascinan la historias de Jesús: Para los judios, un rabino. Para los musulmanes, un profeta. Para los cristianos, “El Ungido”. Ponerlos de acuerdo en reclutarle no es casualidad: La vida del nazareno es sorprendente y está repleta de grandes aprendizajes.

Admiro las historias del Jesús que habla de poner la otra mejilla en tiempos en que te cortaban la cabeza o te crucificaban a la mínima.

El Jesús cuyos mejores amigos eran prostitutas y malhechores: las únicas personas a las que alguien, POR PRIMERA VEZ, les tendió una mano dándoles la segunda oportunidad que la vida no les dio; lo cual cambió de raíz sus vidas.

El Jesús que respondía a unos escandalizados discípulos, que no podían tolerar que hubiese un falso profeta hablando en nombre del nazareno, con aquel “tranquilos, que en verdad os digo que quien se hace pasar por mí, otra cosa no, pero jamás hablaría mal de mí”.

Adoro su templanza. La sonrisa que dedica al dubitativo Simón Pedro, al tiempo que le pregunta “¿por qué no vienes tú también?”.

Su forma de afrontar la pérdida de imagen que supone visitar al sucio recaudador de impuestos de Mateo, y hacerlo consiguiendo, incluso, ganar imagen.

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El nuevo testamento reúne los ecos de la leyenda de un señor cuyo único milagro es que, en realidad, nunca los hizo. No hacía milagros y la gente le seguía porque fue un artesano de la madera y de las personas. Un hombre que encontró un camino, después de perderse en el desierto, con el que regresó de los pozos del infierno a los 33 años sin que fuese demasiado tarde para hacer mucho ruido.

Si se hubiese desmarcado de “El reino de Dios”, Jesús sería el superhombre que profetizó Nietzsche. Palabras mayores.

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Me declaro ateo, pero me encantaría reivindicar que Jesús no es el de las Iglesias. Que el bueno, el de verdad, fue aquel que nos enseñó a ser humildes. A ser valientes. A encarar la debilidad. A despreciar el camino del exceso y seguir el de esforzarte y sufrir como única vía para conseguir algo grande. Que Jesús fue el que nos enseñó, por encima de todo, a tener Esperanza. A luchar con todas tus fuerzas, rebelándote con la determinación que ejerció en el mismísimo Templo de Jerusalem.

Y nos enseñó dando su Vida con la Pasión que le llevó a la muerte. A que sólo podamos llegar a imaginar a qué saben las lágrimas de sangre que brotan de sus ojos mientras lo apalean. A qué sabe el beso con que un amigo le traiciona. Y ser conocedor de que vas a morir. Que una sombra se cierne sobre ti en el preciso instante en que, humillado y presa del miedo, se pregunta si, quizás, después de todo, su padre celestial lo ha abandonado..

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Gracias a mi madre por dejarme apuntar, cuando sólo era un niño, a un grupo de jóvenes católicos que hacían excursiones y tocaban la guitarra.

Y, también, por descubrirme en el coche esta canción de los 70.


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2 comentarios el “Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum

  1. Azo dice:

    Yo también recuerdo esta canción..y las excursiones, las gitarras, las canciones, y el posterior desencanto.
    Y también anhelo volver a creer.

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