Iñaki Ochoa, el rescate

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Uno de los documentales que más me han impactado en toda mi vida:

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¿Es justo que toda la sociedad pague la locura o la temeridad  de los alpinistas?

No entro a conjeturar si es justo o no. Pero creo que así debe ser. Hay que ayudar al que lo necesita esté en donde esté. Se ayuda al enfermo, al suicida, al menor, al anciano, al drogadicto…

Así es la sociedad de nuestros días. Hay que salvar al prójimo, aunque se tratase de un imprudente alpinista. Es más barato y es mucho mejor que tener una sociedad de pusilánimes, de seres débiles y timoratos que tiemblan ante la vida y los peligros. Esta sociedad sería mucho más cara y mucho más triste de mantener. Los rescatadores deberán dar gracias por poder ejercer esa profesión de tanto esfuerzo y de tanta dignidad.

Yo así consideré siempre mis ocupaciones como rescatador en montaña, que tantos peligros y esfuerzos me han deparado a lo largo del siglo XX.

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César Pérez de Tudela, respondiendo a una entrevista de Jesús Quintero.

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Ya no

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Ya no será

ya no

no viviremos juntos

no criaré a tu hijo

no coseré tu ropa

no te tendré de noche

no te besaré al irme

nunca sabrás quién fui

por qué me amaron otros.

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No llegaré a saber 

por qué ni cómo nunca

ni si era de verdad lo que dijiste que era

ni quién fuiste

ni qué fui para ti

ni cómo hubiera sido vivir juntos

querernos

esperarnos

estar.

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Ya no soy más que yo para siempre

y tú ya no serás para mí más que tú. 

Ya no estás en un día futuro

No sabré dónde vives

con quién

ni si te acuerdas.

No me abrazarás nunca como esa noche

Nunca.

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No volveré a tocarte.

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No te veré morir.

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Idea Vilariño.-

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Sueños

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Toda mi vida cambia todos los días de muchas formas. Y mis sueños nunca son lo que parecen… Me atrevería a decir que lo había sentido antes. Pero ahora, que viene de ti, creo que es más intenso que nunca. No obstante, cuando quiero ir más allá, me doy cuenta que mis sueños son limitados y lo acabo viendo bajo otra perspectiva.

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Quisiera tener mucho más: es completamente imposible ignorarlo. Deseo que se haga realidad y sé que es posible hacer que sea real. Así que te lo diré abiertamente: mi corazón es tuyo y ojala no me hagas daño. Eres lo que nunca antes había encontrado.

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Una mente absolutamente fascinante; tan comprensible y tan amable… lo eres todo.

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Eres un sueño para mí.

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Post dedicado a @twitkro ! =)

El Productor

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“Las Venas Abiertas” es un documental que recoge, en 4 partes, un compendio de actividades promocionales basadas en el proceso, creativo y productor, resultante de la grabación de un álbum de música.  

El autor, Enrique Bunbury, junto a su banda, Los Santos Inocentes, se prestan a ser entrevistados y muestran, en convivencia, tanto algunos detalles que abarcarían la parte de producción de un álbum musical, como la propaganda de su nuevo trabajo, publicado el pasado 2011 y cuyo título, Licenciado Cantinas, es un disco conceptual que narra los hechos de la vida de un personaje ficticio por medio de nuevas versiones de temas del folclore latinoamericano.

El estudio de grabación escogido fue el Sonic Ranch, en Texas: Un entorno tranquilo, una casita rural, un iMac, una mesa de grabación,  varias habitaciones aisladas, instrumentos, una banda, artesanía, inspiración y auto-producción.

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Ad astra per aspera

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-¿Quién eres tú? -se preguntó mirándose al espejo al regresar a su dormitorio. Se estuvo contemplando durante un buen rato con curiosidad-.

¿Quién eres? ¿Qué eres? ¿Dónde está tu sitio?

Perteneces a las legiones del trabajo, con todo lo que es bajo, ramplón y feo. Tu puesto está con los bueyes y con los esclavos, en lugares sucios, que huelen mal. Como esas verduras agrias. O esas patatas que se están pudriendo.

¡Huélelas, maldito, huélelas!

Y, sin embargo, te atreves a abrir libros, a escuchar buena música, a que te gusten las buenas pinturas, aprendes a hablar bien, a pensar cosas que no se les ocurren a los de tu clase, a separarte de bueyes y de mujeres vulgares, y a amar a una mujer pálida y espiritual, que está a un millón de millas de ti y que vive en las estrellas.

¿Quién eres tú y qué eres? ¡Maldito seas! ¿Y tú vas a triunfar?

Amenazó con el puño a su imagen en el espejo y, luego, se sentó al borde de la cama, para soñar con los ojos abiertos. Al cabo de un rato, sacó una libreta y el álgebra, perdiéndose en las ecuaciones cuadradas, mientras las horas iban pasando, se apagaban las estrellas y, en la ventana, asomaba la luz grisácea del amanecer.

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-Has salido del barro, -se dijo con toda solemnidad-. Se te han abierto los ojos a un gran resplandor y quieres alzarte a las estrellas con el propósito de conseguir lo que la propia vida ha hecho, matar al simio y al tigre, arrancándole tu herencia a los poderes supremos.

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No puedes detenerte. Has de seguir. Hasta el final.

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Martin Eden, de Jack London

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A Melpómene

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—> ¿Quién o qué te inspira a escribir?  <—

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 Alimento mi inspiración a través de estados de ánimo que proyecto por medio de una duermevela que, con música de fondo, relanza términos que alguna vez escuché y me admiraron respecto a lo mucho que se podría conseguir con las palabras.

Me inspira la necesidad de contar algo y hacerlo de la forma más breve e intensa posible. El deseo de plasmar instantes que revivo con la ilusión de tratar, si quiera, de rozar con los dedos la oratoria más conmovedora.

Me inspira la armonía que destila el lenguaje escrito. Encontrar en alguien un dulce sumidero a mis pensamientos, queriendo sentirme sabedor que no habría labios, ni voz, para pronunciar lo mucho que quisiera decir.

Me inspira el enfrentamiento contra la falta de comunicación; antesala de tantas trifulcas. Aspirar a tratar de exteriorizar una idea desde lo más profundo de la conciencia, y el anhelo utópico por expresarla de la mejor forma que pueda.

Me inspira intentar escribir algo que, aún reflejando lo poco que sé de casi nada, trate de reivindicar la avidez de conocimiento. La lucha contra el tiempo por más que haya circulado demasiada agua bajo el puente.

Me inspira bajarme del mundo en marcha y poner, con vocablos, en orden mi cabeza ante los desafíos del momento. Me encandila plasmar un plan con el que recordar románticos escritos durante un sueño. Despertarme con ello.

Me inspira que algo que era sagrado me traiga un mal recuerdo. La maldición de la musa de la tragedia: Que para quien creía tenerlo todo, sienta esa inmensa sensación de vacío. La sintomatología de combatir por una causa perdida.

Me inspira sentir que puedo hacerlo mejor. Todo aquello que me obliga, con vergüenza, a bajar la mirada. El error que, por puro romanticismo, habría seguido intentando hasta el fin de la eternidad. Los deseos desperdiciados que te hacen olvidar quién eres y que, en realidad, no te cambiarías por nadie en el mundo.

Me inspira quedarme sin habla. El mayor sentido que alcanza La Nada, de La Historia Interminable, cuando muere la imaginación… Revertir la situación volcando en letras lo que hace ciegos a los hombres: Sueños y anhelos que caen en el olvido perdiendo la estela mágica de aspirar a ser Realidad.

Me atrae precipitarme en esa Nada para luego resistirme. Un mensaje de socorro en una botella que alguien decida leer. Una razón para centrarme en las virtudes, en no perder el tiempo con negatividad. Calmar las ráfagas de odio y, así, abonarme al abandono entre letras, palabras y escritos que suenen genial pero que, en el fondo, nunca logren decir Nada.

 

Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum

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Adoro el Nuevo Testamento. Me fascinan la historias de Jesús: Para los judios, un rabino. Para los musulmanes, un profeta. Para los cristianos, “El Ungido”. Ponerlos de acuerdo en reclutarle no es casualidad: La vida del nazareno es sorprendente y está repleta de grandes aprendizajes.

Admiro las historias del Jesús que habla de poner la otra mejilla en tiempos en que te cortaban la cabeza o te crucificaban a la mínima.

El Jesús cuyos mejores amigos eran prostitutas y malhechores: las únicas personas a las que alguien, POR PRIMERA VEZ, les tendió una mano dándoles la segunda oportunidad que la vida no les dio; lo cual cambió de raíz sus vidas.

El Jesús que respondía a unos escandalizados discípulos, que no podían tolerar que hubiese un falso profeta hablando en nombre del nazareno, con aquel “tranquilos, que en verdad os digo que quien se hace pasar por mí, otra cosa no, pero jamás hablaría mal de mí”.

Adoro su templanza. La sonrisa que dedica al dubitativo Simón Pedro, al tiempo que le pregunta “¿por qué no vienes tú también?”.

Su forma de afrontar la pérdida de imagen que supone visitar al sucio recaudador de impuestos de Mateo, y hacerlo consiguiendo, incluso, ganar imagen.

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El nuevo testamento reúne los ecos de la leyenda de un señor cuyo único milagro es que, en realidad, nunca los hizo. No hacía milagros y la gente le seguía porque fue un artesano de la madera y de las personas. Un hombre que encontró un camino, después de perderse en el desierto, con el que regresó de los pozos del infierno a los 33 años sin que fuese demasiado tarde para hacer mucho ruido.

Si se hubiese desmarcado de “El reino de Dios”, Jesús sería el superhombre que profetizó Nietzsche. Palabras mayores.

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Me declaro ateo, pero me encantaría reivindicar que Jesús no es el de las Iglesias. Que el bueno, el de verdad, fue aquel que nos enseñó a ser humildes. A ser valientes. A encarar la debilidad. A despreciar el camino del exceso y seguir el de esforzarte y sufrir como única vía para conseguir algo grande. Que Jesús fue el que nos enseñó, por encima de todo, a tener Esperanza. A luchar con todas tus fuerzas, rebelándote con la determinación que ejerció en el mismísimo Templo de Jerusalem.

Y nos enseñó dando su Vida con la Pasión que le llevó a la muerte. A que sólo podamos llegar a imaginar a qué saben las lágrimas de sangre que brotan de sus ojos mientras lo apalean. A qué sabe el beso con que un amigo le traiciona. Y ser conocedor de que vas a morir. Que una sombra se cierne sobre ti en el preciso instante en que, humillado y presa del miedo, se pregunta si, quizás, después de todo, su padre celestial lo ha abandonado..

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Gracias a mi madre por dejarme apuntar, cuando sólo era un niño, a un grupo de jóvenes católicos que hacían excursiones y tocaban la guitarra.

Y, también, por descubrirme en el coche esta canción de los 70.