El fin de la Princesa Tenebrosa

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Bella durmiente moderna y criatura de las tinieblas con piel de alabastro, en un todo. La Princesa Tenebrosa dilapidó su tiempo por una causa, se saltó todos los semáforos de las calles del recuerdo y, profundamente decepcionada, se echó a dormir, marchitándose lentamente. A la espera de un milagro.

Enclaustrada bajo pináculos puntiagudos, en la segunda torre más alta de Fantasía, dentro del país más mórbido del mundo del imaginario. La soberana de la ciudad de los espectros —tierra de miserables, de torres arqueadas y de ambiente desabrido— ya podía distinguir la Nada, a lo lejos.

La Nada. Esa desidia que destruye la lucidez, los deseos y la imaginación, transformándolos en mentiras. Aquello que, al mirar, genera la sensación de quedarte ciego no siendo capaz de ver, ni de desear, ni de querer otra cosa salvo dejarte llevar. Dejar pasar el tiempo, lentamente, hasta que llega, acabando con todo.

Pero no siempre fue así. En otro tiempo bregaba con todas sus fuerzas buscando la redención. No entendía por qué, ni cómo, había llegado a la situación en que estaba, y jamás se daría por vencida. Menos aún portando el recuerdo de aquello por lo que hubo apostado TODO.

Aquello… Lo que antes le ayudaba a despertar cada mañana. Lo que habría valido de argumento para soportar tanto miedo y soledad. Su única aspiración y consuelo, aún.

Un escalofrío recorría su espalda al sentir que ya le pisaba los talones, asediando toda esperanza que pudiese atesorar. Fue el instante en que la Princesa, cansada de ser Princesa, asumió su destino entregando una vida consumida en la ilusiónMinada en lúgubres mentiras que, negro sobre blanco, la Nada transcribió en literatura…

Algo que aún buscaría redimirse, entre las páginas de un blog y los ecos de una canción.

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Microrrelatos de 140 Caracteres

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Color beige

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Foto oficial y todos muy elegantes: Traje oscuro. Negro, gris o azul. Menos una, en un tercer plano de la instantánea que otros acaparan.

La chica más bonita ocultaba sus nervios tras media sonrisa tímida, y dibujaba su cuerpo con una camisa blanca y una chaqueta color beige.

Creo que no era del todo consciente de la existencia de ese color. Hasta hoy.

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Certeza

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En la noche de aquel jueves, ella le preguntó que por qué no se hizo abogado. Que ésa debía haber sido su profesión.

La mujer, que sonaba creíble, lo miraba con admiración y una curiosidad que sólo recibió su sonrisa melancólica por respuesta.

Sonrisa ataviada por el brillo de unos ojos que, sin palabras, transmitían la incómoda certeza de saber que sería una putada que ella tuviese razón.

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Madrugada de determinación

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Orientada al Este, la estrella más brillante de todo el firmamento; la única capaz de captar la pobre cámara de su celular.

Suenan grillos y un perro lejano. No hace frío ni tiene sueño. Pudiera dar para una siesta… Pero no sin antes ver una Perseida en Septiembre.

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Razones de peso

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Por lo incomprensiblemente sencillo que le resultó encariñarse tanto en tan poco tiempo

y por la epistemología subyacente en las leyes universales de la Probabilidad estadística discreta de sucesos potenciales.

Sus dos razones favoritas para las cuales, en aquella despedida, nunca le hubiese confesado que nadie, jamás, la habría querido tanto como él.

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Demasiado para todos

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—Demasiada mujer para mí —articuló tras la cuarta copa de vino—, y aunque últimamente su uniforme caiga a los pies de cualquier gilipollas,

la realidad nunca será óbice para entender que ni esos besos, ni esa boca, ni su presente, ni su futuro, estarían a la altura de cualquiera.

Y así, con la mirada triste y escéptica, contemplando un tatuaje hecho para recordar cómo disipar los últimos remordimientos,

su acompañante descorchaba la tercera botella, al tiempo que el tocadiscos supo estar a la altura, haciendo girar ‘Telegraph Road’.

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50 palabras

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Tomo el testigo de mi estimada Azo, y dejo una versión de microrrelato formada por 50 palabras. Eso, aunque seguramente el reto empezase en un rincón de algún blog donde ya terminó todo.

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Memoria

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Descubrí que el cielo existía encontrando cabida a su relación con las palabras.

Honor, valentía, admiración, voluntad…

Todas nacieron con tu muerte.

Y pese a que nunca te pude conocer, soñaba con ser como tú.

Espero que no te duela, pero eso era antes.

Ahora…

Quiero parecerme a mi madre.

 

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A Melpómene

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—> ¿Quién o qué te inspira a escribir?  <—

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 Alimento mi inspiración a través de estados de ánimo que proyecto por medio de una duermevela que, con música de fondo, relanza términos que alguna vez escuché y me admiraron respecto a lo mucho que se podría conseguir con las palabras.

Me inspira la necesidad de contar algo y hacerlo de la forma más breve e intensa posible. El deseo de plasmar instantes que revivo con la ilusión de tratar, si quiera, de rozar con los dedos la oratoria más conmovedora.

Me inspira la armonía que destila el lenguaje escrito. Encontrar en alguien un dulce sumidero a mis pensamientos, queriendo sentirme sabedor que no habría labios, ni voz, para pronunciar lo mucho que quisiera decir.

Me inspira el enfrentamiento contra la falta de comunicación; antesala de tantas trifulcas. Aspirar a tratar de exteriorizar una idea desde lo más profundo de la conciencia, y el anhelo utópico por expresarla de la mejor forma que pueda.

Me inspira intentar escribir algo que, aún reflejando lo poco que sé de casi nada, trate de reivindicar la avidez de conocimiento. La lucha contra el tiempo por más que haya circulado demasiada agua bajo el puente.

Me inspira bajarme del mundo en marcha y poner, con vocablos, en orden mi cabeza ante los desafíos del momento. Me encandila plasmar un plan con el que recordar románticos escritos durante un sueño. Despertarme con ello.

Me inspira que algo que era sagrado me traiga un mal recuerdo. La maldición de la musa de la tragedia: Que para quien creía tenerlo todo, sienta esa inmensa sensación de vacío. La sintomatología de combatir por una causa perdida.

Me inspira sentir que puedo hacerlo mejor. Todo aquello que me obliga, con vergüenza, a bajar la mirada. El error que, por puro romanticismo, habría seguido intentando hasta el fin de la eternidad. Los deseos desperdiciados que te hacen olvidar quién eres y que, en realidad, no te cambiarías por nadie en el mundo.

Me inspira quedarme sin habla. El mayor sentido que alcanza La Nada, de La Historia Interminable, cuando muere la imaginación… Revertir la situación volcando en letras lo que hace ciegos a los hombres: Sueños y anhelos que caen en el olvido perdiendo la estela mágica de aspirar a ser Realidad.

Me atrae precipitarme en esa Nada para luego resistirme. Un mensaje de socorro en una botella que alguien decida leer. Una razón para centrarme en las virtudes, en no perder el tiempo con negatividad. Calmar las ráfagas de odio y, así, abonarme al abandono entre letras, palabras y escritos que suenen genial pero que, en el fondo, nunca logren decir Nada.

 

Tempus Fugit

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Huye del incendio, como cada día. Pero esta vez se ha tropezado.

“Mala suerte”, se lamenta. Ahora es su propio cuerpo el que arde por el fuego.

Quien se va consumiendo por las llamas. “Como Norman Morrison”, piensa. “Como Laín Coubert…”

¿Todo ha terminado?

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Al menos eso parece para sus cuerdas vocales, que ahora, quemadas por el fuego y aunque lo deseara, no le permiten pronunciar palabra con motivo de pedir la ayuda que nunca antes se había decidido a pedir.

También es el fin para su piel, sobre la cual sus ojos ya no volverán a verter más lágrimas.

El final para su colección de promesas por cumplir.

Y mientras se va disipando en la Nada, se olvida poco a poco de todos sus sueños.

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Se deja llevar, sencillamente, sabedor de que ya no está soportando el peso del mundo sobre sus hombros.

Acepta que su alma se ha muerto.

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[…]

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O quizás decide apagar el fuego y renacer de sus cenizas.

Y volver a intentarlo.

Porque ya no nos queda nada más por hacer, excepto bajar la ventanilla y dejar que el viento juegue con tu pelo; ¿recuerdas?

La actitud sigue siendo tuya y nadie te la puede arrebatar.

Y además, habiendo contemplado al abismo con tus propios ojos, y habiendo aprendido a reverenciar a la naturaleza, el tiempo no se ha perdido.

Te sobra inspiración y experiencia.

Conoces el camino.

Pero tiene que ser ahora mismo. Desde ya: a por ello, con toda la intensidad. Ya que esta vez vas a morir en el intento. Vas a morir en el intento.

Porque estás hasta los cojones de ver derrotas por todas partes y por una vez, por UNA PUTA VEZ, todo va a salir bien,

Todo va a salir BIEN.

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