Proyecto UMA

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Tres historias y tres versiones -la de una heroína, la de un héroe cansado y la de un antihéroe- respecto a un tótem que representa los valores más inquebrantables de la naturaleza más desconocida, y que se vale de la belleza y la presencia de las montañas como lanzadera y ascensión simbólica a dichos ideales.

Cuento de temática juvenil inspirado, a modo de FanFiction, por el viejo videojuego de SquareSoft, “Final Fantasy VI”:

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PD: Si lo lees y quieres comentar algo, sé despiadado.

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Dibujo: Maxime Viventi

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Iñaki Ochoa, el rescate

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Uno de los documentales que más me han impactado en toda mi vida:

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¿Es justo que toda la sociedad pague la locura o la temeridad  de los alpinistas?

No entro a conjeturar si es justo o no. Pero creo que así debe ser. Hay que ayudar al que lo necesita esté en donde esté. Se ayuda al enfermo, al suicida, al menor, al anciano, al drogadicto…

Así es la sociedad de nuestros días. Hay que salvar al prójimo, aunque se tratase de un imprudente alpinista. Es más barato y es mucho mejor que tener una sociedad de pusilánimes, de seres débiles y timoratos que tiemblan ante la vida y los peligros. Esta sociedad sería mucho más cara y mucho más triste de mantener. Los rescatadores deberán dar gracias por poder ejercer esa profesión de tanto esfuerzo y de tanta dignidad.

Yo así consideré siempre mis ocupaciones como rescatador en montaña, que tantos peligros y esfuerzos me han deparado a lo largo del siglo XX.

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César Pérez de Tudela, respondiendo a una entrevista de Jesús Quintero.

Un poco más cerca del cielo

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Siento admiración ante la fe, la determinación y la  inmensa fuerza, frente a los desafíos del momento, en un hombre capaz de descender de la montaña herido del corazón pero tan lleno de vida que, aún habiéndose dado por muerto, abre los ojos para contemplar un renovado amanecer; esta vez, bajo un resplandor especial.

Desearía lo mismo para mí. Daría todo lo que soy; mi pleno compromiso hasta el grado de quedarme exhausto por encontrar ese punto de inflexión.

Algo que no sea temporal sino como un tatuaje. Inherente. Imborrable… Que esté cargado de instantes que posean el vigor de la oratoria más conmovedora. La más motivadora.

¿Estaría a tiempo para hallarlo?

A tiempo de no cortejar a las tinieblas. De no flaquear, recobrando una esperanza inquebrantable; a prueba de cualquier duda que, por pequeña que sea, logre tambalear mis convicciones condenándome a la mediocridad por percibir que todo fue en vano.

A tiempo de esquivar la desidia. De escapar de La Nada escogiendo un camino de sufrimiento en su lugar. Caminarlo por el anhelo de creer que es posible volver a ser una centella del mundo; que arde, como Juana de Arco, pero que brilla.

Me conformo con una única cosa aparentemente imposible. Un punto de partida.

Y apreciar de nuevo la belleza, por traerla dentro. Portar la pureza de una gota del sudor de Nacho Vegas.

Si he de morir, quiero hacerlo mucho más cerca aún. Más cerca que nunca. Necesito la cima…

Sólo eso bastará para salvarme.

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Gracias a César Pérez de Tudela, por la fotografía, su amabilidad y su ejemplo.